Chris.
Desperté y Lilia estaba apoyando su cabeza sobre mi brazo entumecido. Mis ojos se sentían pesados, ¿qué hora era?
La moví con cuidado para no despertarla, pero fue en vano porque ella abrió los ojos con pereza.
—¿Mmh?
—No quería despertarte, puedes seguir durmiendo —Acaricié su cabello.
—No te vayas —Me rodeó con su brazo, molesta.
Tenía que admitir que se veía adorable. Desde que Lilia llegó a la mansión, mis sonrisas eran cada vez más frecuentes.
Sin ella, todo estaba oscuro y sin colo