Ethan.
Estaba cenando tranquilamente junto a mis padres, el silencio era un tanto incómodo porque ya le había exigido a mi padre que no buscara a otra mujer para mí, que me dejara escoger esta vez.
No quería cometer el mismo error y perderla para siempre...
—¿Aún nada? —cuestionó el castaño, mirándome.
Alcé una ceja, ya sabía a lo que se refería, me hice el tonto.
—¿Nada?
—Tu padre se refiere a tu vida amorosa, Ethan... Nos preocupas —Mamá me vio con aflicción.
Las arrugas en su frente se marca