Lilia.
Chris empezó quitando mi camisa con lentitud, ninguno estaba apurado. Ambos nos habíamos acostado en la cama y yo no dejaba de sentirme ansiosa.
No podía creer que iba a hacerlo con el hombre que me secuestró, ¿me había vuelto loca? Seguramente iría al infierno después de eso...
—No dudes en decirme si quieres que me detenga, ¿sí? —habló, besando mi cuello—. Lo menos que pretendo es hacerte daño.
—C-Chris, estamos en un momento tan íntimo que hablar no es necesario.
Él rio.
Su boca sobre