Damián
Horas después de que Octavio huyera, se abrió la puerta de golpe y apareció Ricardo hecho una furia. Vi detrás de él a varios guerreros heridos. Debía haberse desquitado su molestia con ellos.
—¿Se te perdió algo, hermano? —le dije, y él me volteó la cara con su puño.
—Eso dolió, pero valió la pena —susurró Ronan.
—¿Cómo lograste que huyera? ¡Dímelo!
Siempre decían que Octavio era maldito, pero nadie se ponía a pensar en qué consistía esa maldición y cuáles eran las consecuencias. Rica