Damián
—Supongo que ya sabemos a dónde se fue el dinero que solicitó nuestro padre… o mejor dicho, lo que cayó en manos de Ricardo. Las ganancias que tanto deseaba obtener de las partes de sus acciones —dijo mi hermana, mientras observábamos, con asombro y desconfianza, la manada frente a nosotros.
Lucía distinta. No mejor, simplemente mejor dispuesta. Había un brillo extraño en las armas de los guerreros, hierro mezclado con ónix, mortales y precisas. Todo indicaba que habían aprovechado la des