Damián
Subimos las escaleras rápidamente, siguiendo el rastro del olor hasta la habitación de mi padre. Mis piernas temblaban mientras me acercaba a la puerta.
Las cortinas estaban cerradas, apenas dejando entrar un rayo de luz. En el centro de la cama estaba Luz, y a su lado, mi padre. Mi respiración se detuvo. Él siempre había sido una figura imponente, un alfa cuya presencia llenaba cualquier habitación, no como mi tío Rogelio, pero igualmente todos los alfas tienen algo difícil de describir