El sonido rítmico y constante de las olas rompiendo contra la orilla fue lo primero que Alisson registró al despertar. Abrió los ojos lentamente, encontrándose envuelta en las sábanas blancas y frescas de la cama inmensa de la casa de playa. La luz del sol matutino se filtraba por los amplios ventanales, pintando la habitación de un dorado cálido que contrastaba con la oscuridad de la noche anterior.
Al girar la cabeza, encontró a Massimiliano. Estaba recostado a su lado, apoyado sobre un codo,