Alisson estaba sentada en el borde del sofá, con las manos apretadas sobre su regazo, los nudillos blancos por la tensión. Había visto la transmisión en vivo de principio a fin. Sus ojos verdes estaban fijos en la inmensa pantalla de televisión, procesando las palabras que aún hacían eco en la silenciosa sala de estar.
«Es la madre de mis hijos. Exijo respeto».
El aire abandonó sus pulmones en un sollozo ahogado. Durante meses había cargado con el terror de ser descubierta, convencida de que, s