— Te estaré esperando mi triste gorrión— dijo Edmond acariciando con dulzura la mejilla pecosa de Juliette donde la solitaria lagrima se había finalmente derramado después de escapar de los hermosos ojos zafiro de la chica.
La rubia se había estremecido en respuesta a la inesperada caricia que el adonis francés le había regalado, rompiendo rápidamente el contacto se alejó de él tratando de ocultar el rubor rojizo que coloreaba sus mejillas, Edmond Rohan sabía lograr ponerla nerviosa, sus palabr