Aitana sonrió. Aquellas palabras del esposo de su médica predilecta, la habían hecho sentirse realmente orgullosa de todo lo que por años paso ensayando en libretas y a escondidas de Augusto Mendoza. Aquella era la primera vez en toda su vida, que sentía que todo había valido la pena.
— Gra…ejem…creo que su esposa era la médica más talentosa de este tiempo, y la médica de quien habla seguramente estaría encantada de colaborar con su marca. — dijo a punto de darle las gracias. Nadie sabía aún qu