92:

Al verse rebasados, todos los atacantes se rindieron, y luego fueron esposados por la policía que recién llegaba al lugar. Libre de su captor, Aitana corrió hacia Fernando rompiendo su vestido para detener el sangrado con la tela.

— Ya pasó todo… — dijo la hermosa castaña temblando y auxiliando a Fernando.

El apuesto rubio tatuado miró a su salvador en ese momento.

— Gracias. — dijo sintiéndose aliviado.

Joel asintió reconociendo a su socio.

— No hay de que señor Toledo, pero no les recomendarí
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