Al verse rebasados, todos los atacantes se rindieron, y luego fueron esposados por la policía que recién llegaba al lugar. Libre de su captor, Aitana corrió hacia Fernando rompiendo su vestido para detener el sangrado con la tela.
— Ya pasó todo… — dijo la hermosa castaña temblando y auxiliando a Fernando.
El apuesto rubio tatuado miró a su salvador en ese momento.
— Gracias. — dijo sintiéndose aliviado.
Joel asintió reconociendo a su socio.
— No hay de que señor Toledo, pero no les recomendarí