En Suiza, Ainara disfrutaba de una espléndida cena al lado de Alejandro quien había reservado la mejor vista en el restaurante más lujoso de la ciudad y con ello había logrado sorprenderla; todo había mejorado significativamente desde la llamada de su madre, pues su esposo había regresado solo unos minutos después para decirle que había salido a hacer tal reservación.
— ¿Estás disfrutando princesa? — cuestionó Alejandro tomando la mano de su esposa.
Ainara sonrió. Quizás, había malinterpretado