4:

—Padre, no era necesario que la hicieras firmar esos documentos, el lugar como heredera corresponde a la hija mayor, no a tu enfermiza hija menor, esto es tan injusto, pobre de Aitana. — dijo Ainara fingiendo lastima.

—Ah mi pobre Ainara, eres tan dulce, siempre preocupándote tanto por tu egoísta hermana desde que eran niñas. — dijo Augusto abrazando a su hija menor.

—Es verdad, Ainara es tan buena y tan comprensiva. — dijo Alejandro besando la mano de Ainara.

—Basta, eso no es verdad, yo solo me preocupo mucho por mi querida hermana, ahora, por favor, déjenos solas un momento, me gustaría hablar a solas con Aitana. — pidió Ainara.

Sin decir nada más, sin permitirse sentir nada más, Aitana firmó aquellos documentos que el abogado tomó de vuelta, y en ese momento se sintió vacía, como si nada en el mundo pudiese herirla aún más, y tan entumecida que ya nada importaba, y sin notarlo, Alejandro le dio una última mirada antes de salir…una cargada de lastima.

Una vez que los hombres salieron de aquella habitación, Ainara se acercó caminando con arrogancia hacia Aitana, y sacando de su bolso un fajo de billetes de 100 dólares, lo arrojo al rostro de su hermana mayor.

Dando una mirada cargada de desprecio a su media hermana, Ainara sonrió. Toda su vida había deseado todo lo que Aitana poseía; su madre y ella se habían propuesto arrancar todo aquello que era preciado para su hermana de sus manos hasta dejarla sumida en la nada, pues su madre, María, jamás había perdonado que su padre hubiera preferido a aquella cantante que era la madre de Aitana sobre ella, cuando durante muchos años había amado a su padre, siendo su amante en silencio.

Ella al igual que su madre, había amado a Alejandro en silencio desde la primera vez lo vio cuando apenas eran niños, y después de saber que Aitana se casaría con él, casi se volvió loca de celos no pudiendo permitirle a su hermana tener lo que ella quería, por ello había mentido con su enfermedad, pero nadie lo sabría jamás. Alejandro tenía que ser de ella, tan solo de ella, se dijo a sí misma como un mantra.

—Como te lo prometí, hermanita, todo lo tuyo ahora es mío, toma esta caridad de mi parte para que pagues tu hospital, deseo que tengas la mala vida que mereces. — dijo Ainara para luego salir tras de su padre y de Alejandro.

Alejandro caminó junto a Ainara, ignorando por completo todo el daño que ella le estaba haciendo a Aitana, y tomando su mano, se sintió culpable por el sufrimiento de su ex prometida, sin embargo, sabiendo bien que su ahora prometida estaba frágil de salud, no había tenido la voluntad de negarse cuando Augusto le dijo que el más grande sueño de Ainara era convertirse en su esposa antes de morir. Esperaba que después de que Aitana calmara su rabia, pudiera perdonarlo y esperarlo.

Todos se habían marchado, dejando a Aitana sola en habitación.

Aquella humillación que su media hermana arrojó sobre ella, la hizo sentirse endurecida, y mirando aquellos billetes, no quiso seguir siendo parte de aquello…ahora que había perdido a Alejandro, y que ya no formaba parte de la familia Mendoza, algo había terminado de romperse.

Aitana apretó sus puños con rencor, arrojando lejos de si aquel fajo de billetes en dirección a la puerta por la que Ainara acababa de salir.

—Wow, calma, no hay necesidad de agredirme, no pensaba cobrarte los daños a mi vehículo. — dijo una voz que a Aitana le resultó familiar.

Girando su vista, vio apoyado en el marco de la puerta a ¿Alejandro?, sin embargo, estaba vestido completamente de negro y un tatuaje sobresalía en su cuello bajo la camisa.

—¿Fernando? — cuestionó Aitana sabiendo que aquel hombre, era el rebelde hermano mayor de su ex prometido.

Ainara observó a un hombre tan parecido a Alejandro, pero con un aire sexy y rebelde que la forzó a mirarlo, aquel, había caminado hacia el mismo pasillo en donde se hallaba la habitación de Aitana. Restándole importancia, se abrazó de su ahora prometido sintiéndose la ganadora sobre su hermana mayor.

—Vaya, debo decir que me sorprende que no me hayas confundido con mi imbécil hermano gemelo, escuché que sufriste de un accidente, así que quise pasar a ver a mi futura cuñada…oh, es verdad, ya no lo serás más, porque para sorpresa de nadie, mi hermano no fue capaz de mantener su promesa. —

  

—¿Fernando?, ¿Fernando Toledo? — cuestionó Aitana sorprendida de ver al rebelde hermano mayor de su ex prometido parado en el marco de la puerta de su habitación de hospital con un ramo de hortensias y moradas…sus flores favoritas.

Fernando dio una mirada a la mujer en la cama; había visto a su hermano mayor en la recepción del hospital junto a Ainara apenas unos momentos antes, y ya le habían informado de la estúpida decisión que había tomado su mayor. Acercándose a Aitana, notó que tenía varios golpes debido al accidente, así como también notó el fajo de billetes que había arrojado hacia él momentos antes. Ella acababa de ser humillada, estaba seguro.

—El mismo, y repito, es grandioso que no me hayas confundido con el pedante de Alejandro. — respondió Fernando con una sonrisa socarrona.

Aitana frunció en el entrecejo, entre la alta sociedad se decía demasiadas cosas del otro hijo Toledo; que era irresponsable, mujeriego, y que dilapidaba la fortuna que heredó de su madre en parrandas y juegos de póker, aunque, ciertamente, aquellos eran tan solo rumores.

—¿Cómo podría confundirlo?, usted es demasiado diferente de Alejandro. — aseguró Aitana.

Fernando sonrió ante aquella afirmación que la hermosa mujer dejaba ver tan tajante. Dejando aquel ramo de flores a los pies de Aitana, Fernando se acercó peligrosamente a la belleza de cabellos castaños y ojos verdes, notando aquella expuesta piel tan blanca y tersa que Aitana poseía…la había deseado en secreto durante tantos años, que saberla finalmente alejada de su odiado hermano mayor, lo hacía vibrar de deseo.

—Eres la primera persona, Aitana, que me dice lo muy diferente que soy a Alejandro…— murmuró Fernando casi sobre los labios de Aitana quien se estremeció, y en un acto reflejo, alejó de sí misma a aquel hombre tan idéntico en apariencia a su ex prometido, pero tan diferente en personalidad que jamás podría verlos iguales.

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