—Cariñito, eres el mejor. — Ainara respondió complacida.
La señora Toledo junto a María Mendoza, entró en el gran salón, sonriendo a los futuros esposos.
—Me alegra verlos tan felices, ahora, debemos esperar a que llegue nuestra querida Aitana. — dijo la hermosa mujer.
Molesta, Ainara se levantó con brusquedad de su asiento.
—¿Por qué ella tiene que venir? No la necesitamos para hablar de las cosas de MI boda, ella es una envidiosa, ¿No recuerdan todo lo que me dijo la ocasión pasada? No la qui