—Eso es cierto, sin embargo, debes de ser un cínico para hacer tal cosa, todos sabemos que fuiste tu quien provocó todo esto. — soltó con fría lentitud Henry.
—No tengo por qué esconderme ni dejar de presentarme en mi propia casa, además, tal y como todos saben, incluyéndote tú, Toledo, Aitana es mi esposa, y es mi deber el estar junto a ella en estos momentos tan difíciles. — aclaró Fernando con firmeza y frialdad, mientras devolvía su mirada hacia el frente, comenzando a caminar.
—¿Y ya se lo