Fernando podía ver qué claramente estaba asustado, ese hombre no estaba mintiendo.
— Y dígame señor Caballero, ¿Por qué decidiste acudir directamente a mí? Yo no soy un Mendoza. — cuestionó.
Raúl negó. — Se que usted no es un Mendoza, usted es el esposo de la señorita Aitana…y ella es demasiado importante, una pieza clave y fundamental para el futuro. Se que usted realmente ama a su esposa, el señor y la señora Mendoza confiaron plenamente en que lograría casarse con su nieta… — aquella frase s