— ¡Vas a pagar por esto niña malagradecida! — gritó avergonzado, completamente débil, y levantándose rápido.
Aitana negó.
— No, yo no voy a pagar con más dolor todo lo que tú y Ainara me han hecho, ya es tiempo de que seas tu quien comience a pagar por sus pecados, que Dios te perdone, Augusto, porque yo no voy a hacerlo. Desde este momento, solo tienes una hija. — respondió la hermosa castaña.
Y volviendo dentro de su nuevo hospital, aquel que levantó en sus cimientos a base de sacrificio y es