—Podríamos irnos de paseo —le sugirió Irum a Libi entre su segunda y tercera alarma.
Alejarse de la ciudad y los traidores que en ella pululaban lo ayudaría a aclarar sus pensamientos.
—Es una buena idea —convino ella, todavía un poco adormilada.
—Podríamos ir a Francia o a Italia, países con ciudades que destacan en el mundo del arte.
—Sí, es una bue... ¡¿Qué?! ¡¿Francia o Italia?! —preguntó con los ojos bien abiertos.
Se le había espantado todo el sueño de la sorpresa.
—Si quieres ir a ambos