Si no hubiera sido por el bastón, Irum habría acabado en el suelo. Tambaleándose regresó al salón y Libi cogió otro pisco sour. Se lo merecía por hacer feliz a su novio. Ahora los pensamientos empresariales se peleaban con los lujuriosos por ser el centro de atención. En cualquier momento tendría un cortocircuito cerebral.
Como todo un profesional que se había curtido en el frío mundo de los negocios, Irum ocultó a la perfección su caos interno y lució en completo dominio de sí mismo. Era un e