En una espiral vertiginosa, los pensamientos de Libi, luego de congelarse, se arremolinaron. Aturdida, regresó al salón.
"Por favor, sácame de aquí", le pidió a Lucy. La rubia, entre furiosa y consternada se la llevó, con la terrible sospecha de que tendría que volver para matar a alguien.
Libi no fue capaz de decir palabra de camino a casa de Lucy, sus lágrimas silenciosas caían igual que entonces, con idéntico dolor en su corazón. Tanto había andado desde aquella fatídica noche para acaba