CXXIX Su ángel de la guarda

Ya no quedaba energía para atasco vehicular, música, auto, cubierta de Van Gogh ni aromatizante de limón. La mente de Libi, agotada, también se había vuelto prisionera. Seguía moviendo los dedos de las manos, esos no podía dejar de sentirlos porque pintar era su vida y, si había una vida más allá de los muros que la enclaustraban, ella los necesitaría para pintar.

Ella volvería a vivir, soñaba con aquel momento.

El verdugo regresó un día y ella lloró de alegría. El estómago vacío comenzaba a de
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Mariza Carolina Esno sé si lloré de tristeza o felicidad, pero lloré... por fin Damien ya no está... pobre Alejandro, todo hacía parecer que fue él. También quería que Irum se recupere y sane cada aspecto de su vida ...
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