La pausa de la vida de Libi por fin había terminado. Había sobrevivido a torturas indecibles en el sótano a manos de Damien, a quien había matado, y ahora debía juntar los pedazos que quedaban de sí misma y rearmarse. Nunca volvería a ser la misma de antes, pero aspiraba a ser un poco mejor.
El mesero puso frente a ella un plato de huevos con tocino, Libi hizo una imperceptible mueca al sentir su aroma.
—Hay un error, yo no como carne. Este es el desayuno de alguien más.
El hombre se disculpó y