El ambiente se había vuelto un caos, un hervidero de movimiento. Yo estaba en mi cuarto tratando de asimilar todo cuando la puerta se abrió suavemente. Era Sofía, que venía cargando un par de prendas en los brazos.
—Te traje algo de ropa cómoda y oscura, mi reina —dijo Sofía, dejando las prendas sobre la cama—. Para la noche vas a necesitar libertad de movimiento y algo que no llame la atención en la oscuridad.
—Gracias —sonreí, tomando la camiseta ajustada y los pantalones.
Sofía se apoy