Los nudillos me sangraron, no estaba acostumbrada en lo absoluto a dar golpes a una pared. Me sentí incapaz, impotente. Un ardor me recorrió de pies a cabeza, un enojo que solo crecía con el pasar de los minutos.
Los pasos acercándose me hicieron volver a la realidad.
—Ella dio su aprobación. —Scott me tomó de la mano y luego, mirando hacia atrás, me la soltó. —Lo siento, no quise ser invasivo.
Lo miré fijamente. No éramos amigos, no era amiga de nadie en el mundo excepto de Carl. Sin embargo,