Ella sonrió bastante animada.
—Serás un valiente.
—Sí —mostró su pulgar izquierdo—. Es una promesa.
Ella dio un salto y llevó las manos a su boca, sonrojándose. Él carcajeó y terminó con un profundo suspiro.
—Ya están cerca —informó el niño.
Ella volvió a asustarse.
—Puedes irte, así no te verán —sugirió el pequeño.
Ella aceptó con un sacudón de cabeza.
—Pero… ¿volveré a verte? —preguntó Hiz con ansiedad y haciendo un puchero.
—Claro que sí —respondió él con mucha convicción—. Siempre cumplo mi