Lo vio conversar con unos de sus empleados y tuvo que sacudirse la idea de que pudiera ser posible que él fuera ese niño y, encima, la recordara.
Cuando el hombre se marchó, Dane entró con dos compañeras más y pusieron la mesa, llenándola con la cena.
Cuando Dane se estaba marchando, se tocó la punta de la nariz dos veces mientras veía fijamente a su amiga: esa era su clave cuando necesitaban hablar.
Volvieron a dejarlos solos. Dober se fue a lavar las manos y Hiz quedó totalmente concentrada e