—¿Y eso qué tiene? —Hiz seguía sin entender—. Mi papá dice que todas las marcas son iguales, ¿por qué tú y yo seríamos diferentes?
—Bueno… mi papá me dice lo contrario —la miró fijamente.
—Entonces tu papá debe estar equivocado. Porque mi papá nunca se equivoca.
El niño sonrió mientras volvía a reparar los ojos rosados de Hiz y la abundancia de inocencia de su propio mundo.
—Pero mi papá es el Mando Superior de los Plumas, es quien crea las leyes —explicó él.
—¡Entonces deben cambiar esas leyes