La línea era rosa. Clara, pero visible. No una ilusión. No una sombra. No una posibilidad. Era una respuesta. Una sentencia.
Positivo.
—No puede ser... —murmuré con los labios temblorosos—. No es cierto.
Mi garganta se cerró de golpe y un zumbido se instaló en mis oídos. Las paredes del baño parecían encogerse a mi alrededor, como si de pronto el aire hubiese decidido volverse denso, imposible de respirar. Me apoyé en el borde del lavamanos, sintiendo que las piernas me fallaban, que el suelo b