El teléfono vibró en la encimera del baño, sacándome bruscamente del trance. Di un respingo y parpadeé, aturdida, como si de pronto regresara de un lugar muy lejano. Mi mirada se deslizó hacia la pantalla iluminada: Adrian. Sentí que el corazón me daba un vuelco. Justo ahora. Justo en ese instante en el que mi mundo se tambaleaba con la amenaza de una verdad irreversible, esa llamada me anclaba nuevamente a otra realidad, a otro conflicto que no sabía cómo manejar.
Me quedé mirándolo unos segun