Mundo ficciónIniciar sesiónIvy Hart ha dedicado su vida a hacer crecer su empresa tecnológica, una startup que ha comenzado a llamar la atención en el competitivo mundo de los negocios. Cuando Alexander “Xander” Blackwood, un poderoso inversor con reputación de mujeriego y narcisista, muestra interés en financiar su proyecto, Ivy rechaza la propuesta sin dudarlo. Para ella, Xander representa todo lo que desprecia: un hombre acostumbrado a comprar su camino hacia lo que quiere, sin escrúpulos ni compromisos. Pero el rechazo de Ivy sólo despierta la fascinación de Xander. Intrigado por la fuerza y orgullo que ella demuestra, decide que no sólo quiere ser parte de su empresa… la quiere a ella. Así comienza una intensa guerra de voluntades, donde ambos chocan en cada oportunidad, atrapados en una dinámica de poder y deseo. Obligados a colaborar a regañadientes, Ivy y Xander deberán navegar una relación de amor-odio mientras las líneas entre el control y la rendición se vuelven cada vez más difusas. ¿Podrá Ivy resistirse al hombre que insiste en que le pertenece, o Xander terminará sucumbiendo ante la única mujer que parece inmune a su poder?
Leer másEl sol todavía no había salido cuando abrí los ojos. No necesitaba una alarma para despertarme; el hábito estaba incrustado en mi sistema, como un reloj interno que no me permitía dormir más de lo necesario. Después de todo, dormir es sólo una necesidad fisiológica, nada más. Sólo una pausa entre cada conquista. —“Tú eres el hombre de ‘todo es trabajo, nada es descanso’, ¿o no?” —la voz de Ivy sonó en mi cabeza, su tono burlón me sacaba de quicio y me desafiaba con cada palabra. Mi cuerpo se tensó rápidamente. ¿Por qué mi primer pensamiento tenía que estar relacionado con ella? Había algo en Ivy que me desarmaba y, al mismo tiempo, me hacía querer controlarla más. Ella no es como las otras personas, no es alguien que se limite a asentir y a cumplir órdenes. Ivy lucha, resiste, y en cada uno de esos gestos de desafío, siento el impulso de poseerla, de hacerla entender que, en mi mundo, solo hay una forma de hacer las cosas: la mía. Cerré los ojos, recordando nuestra conversación.
El sol todavía no había salido cuando abrí los ojos. No necesitaba una alarma para despertarme; el hábito estaba incrustado en mi sistema, como un reloj interno que no me permitía dormir más de lo necesario. Después de todo, dormir es sólo una necesidad fisiológica, nada más. Sólo una pausa entre cada conquista. —“Tú eres el hombre de ‘todo es trabajo, nada es descanso’, ¿o no?” —la voz de Ivy sonó en mi cabeza, su tono burlón me sacaba de quicio y me desafiaba con cada palabra. Mi cuerpo se tensó rápidamente. ¿Por qué mi primer pensamiento tenía que estar relacionado con ella? Había algo en Ivy que me desarmaba y, al mismo tiempo, me hacía querer controlarla más. Ella no es como las otras personas, no es alguien que se limite a asentir y a cumplir órdenes. Ivy lucha, resiste, y en cada uno de esos gestos de desafío, siento el impulso de poseerla, de hacerla entender que, en mi mundo, solo hay una forma de hacer las cosas: la mía. Cerré los ojos, recordando nuestra conversación.
El sol todavía no había salido cuando abrí los ojos. No necesitaba una alarma para despertarme; el hábito estaba incrustado en mi sistema, como un reloj interno que no me permitía dormir más de lo necesario. Después de todo, dormir es sólo una necesidad fisiológica, nada más. Sólo una pausa entre cada conquista. —“Tú eres el hombre de ‘todo es trabajo, nada es descanso’, ¿o no?” —la voz de Ivy sonó en mi cabeza, su tono burlón me sacaba de quicio y me desafiaba con cada palabra. Mi cuerpo se tensó rápidamente. ¿Por qué mi primer pensamiento tenía que estar relacionado con ella? Había algo en Ivy que me desarmaba y, al mismo tiempo, me hacía querer controlarla más. Ella no es como las otras personas, no es alguien que se limite a asentir y a cumplir órdenes. Ivy lucha, resiste, y en cada uno de esos gestos de desafío, siento el impulso de poseerla, de hacerla entender que, en mi mundo, solo hay una forma de hacer las cosas: la mía. Cerré los ojos, recordando nuestra conversación.
El sol todavía no había salido cuando abrí los ojos. No necesitaba una alarma para despertarme; el hábito estaba incrustado en mi sistema, como un reloj interno que no me permitía dormir más de lo necesario. Después de todo, dormir es sólo una necesidad fisiológica, nada más. Sólo una pausa entre cada conquista. —“Tú eres el hombre de ‘todo es trabajo, nada es descanso’, ¿o no?” —la voz de Ivy sonó en mi cabeza, su tono burlón me sacaba de quicio y me desafiaba con cada palabra. Mi cuerpo se tensó rápidamente. ¿Por qué mi primer pensamiento tenía que estar relacionado con ella? Había algo en Ivy que me desarmaba y, al mismo tiempo, me hacía querer controlarla más. Ella no es como las otras personas, no es alguien que se limite a asentir y a cumplir órdenes. Ivy lucha, resiste, y en cada uno de esos gestos de desafío, siento el impulso de poseerla, de hacerla entender que, en mi mundo, solo hay una forma de hacer las cosas: la mía. Cerré los ojos, recordando nuestra conversación.
El sol todavía no había salido cuando abrí los ojos. No necesitaba una alarma para despertarme; el hábito estaba incrustado en mi sistema, como un reloj interno que no me permitía dormir más de lo necesario. Después de todo, dormir es sólo una necesidad fisiológica, nada más. Sólo una pausa entre cada conquista. —“Tú eres el hombre de ‘todo es trabajo, nada es descanso’, ¿o no?” —la voz de Ivy sonó en mi cabeza, su tono burlón me sacaba de quicio y me desafiaba con cada palabra. Mi cuerpo se tensó rápidamente. ¿Por qué mi primer pensamiento tenía que estar relacionado con ella? Había algo en Ivy que me desarmaba y, al mismo tiempo, me hacía querer controlarla más. Ella no es como las otras personas, no es alguien que se limite a asentir y a cumplir órdenes. Ivy lucha, resiste, y en cada uno de esos gestos de desafío, siento el impulso de poseerla, de hacerla entender que, en mi mundo, solo hay una forma de hacer las cosas: la mía. Cerré los ojos, recordando nuestra conversación.
El sol todavía no había salido cuando abrí los ojos. No necesitaba una alarma para despertarme; el hábito estaba incrustado en mi sistema, como un reloj interno que no me permitía dormir más de lo necesario. Después de todo, dormir es sólo una necesidad fisiológica, nada más. Sólo una pausa entre cada conquista. —“Tú eres el hombre de ‘todo es trabajo, nada es descanso’, ¿o no?” —la voz de Ivy sonó en mi cabeza, su tono burlón me sacaba de quicio y me desafiaba con cada palabra. Mi cuerpo se tensó rápidamente. ¿Por qué mi primer pensamiento tenía que estar relacionado con ella? Había algo en Ivy que me desarmaba y, al mismo tiempo, me hacía querer controlarla más. Ella no es como las otras personas, no es alguien que se limite a asentir y a cumplir órdenes. Ivy lucha, resiste, y en cada uno de esos gestos de desafío, siento el impulso de poseerla, de hacerla entender que, en mi mundo, solo hay una forma de hacer las cosas: la mía. Cerré los ojos, recordando nuestra conversación.





Último capítulo