—No me importa lo que ellos crean que soy —dijo, sin dudar—. Me importa lo que tú sabes que soy.
Sentí un tirón en el pecho. Uno que no tenía nada que ver con miedo.
Me quedé mirándolo, muda. Había en su cara esa apertura rara que solo le había visto anoche, en el baño, con su frente apoyada en la mía. Vulnerabilidad controlada. Brutalmente honesta.
—Ivy —dijo entonces, más bajo—. Te lo estoy pidiendo porque eres la única persona en esa ecuación con acceso emocional real a él. Yo no lo tengo. Em