ADRIEL MATTIAS
Caietta y yo permanecimos en silencio durante unos segundos. Era como si estuviéramos esperando a ver quién hablaría primero. Lo que dije antes debió de haberle golpeado fuerte, porque incluso yo me sorprendí de las palabras que salieron de mi boca.
Desde sus labios entreabiertos, cerró la boca y luego se aclaró la garganta. Se acomodó en el asiento y miró al frente, mientras yo mantenía la vista fija en su rostro. Al cabo de un momento, estiró la mano hacia la manija de la puert