XENIA
Uno de los hombres de Yo me escoltó hasta la habitación de mi madre. Lo busqué con la mirada antes de entrar, pero no lo vi. Ni siquiera pude sentir su presencia. Debe de no estar en la casa.
Menos mal que no lo llamé para avisarle que venía. Si lo hubiera hecho, probablemente me habría estado esperando justo en la puerta para recibirme, como durante mi primera visita cuando acabábamos de llegar de Thailand.
—¿Dónde está Yo? —pregunté a uno de sus hombres.
—Tiene algo importante que atend