[PUNTO DE VISTA DE IRIS]
Me quedé allí, con la mano aún aferrada al pomo de la puerta. Por un instante, no me moví.
Quizás mis ojos me engañaban. Quizás el cansancio finalmente me había vencido y había empezado a inventar cosas para llenar el silencio. La habitación estaba en penumbra, las sombras se extendían a lo largo del suelo, alcanzándome como dedos esqueléticos.
Entonces se movió.
El movimiento fue fluido, una sutil ondulación muscular que ancló la alucinación en una aterradora realidad.