Esta vez no se contuvo.
Más bien, sus dedos recorrieron mi cabello, agarrándolo ligeramente y acercándome a él, su lengua explorando cada parte de mi boca.
Grité cuando se levantó, cargándome con él al estilo nupcial.
Sus ojos eran intensos, casi aterradores. A fin de cuentas, Killian no estaba exactamente en un estado lo suficientemente bueno como para que yo tampoco le confiara lo que estábamos a punto de hacer.
"¿En qué estás pensando, cuervo?" preguntó, abriendo la puerta de su habitaci