Al salir del auto nos dimos cuenta de que el centro del pueblo estaba más animado de lo habitual. Había una pequeña feria instalada entre las calles empedradas: luces colgantes, música suave, puestos de comida y risas por todos lados.
Caminábamos entre los puestos cuando, de pronto, una chica se lanzó prácticamente sobre Kael.
"¡Kael!" exclamó, tomándolo del brazo con total confianza.
Era rubia, con una sonrisa enorme y una energía arrolladora. Kael parpadeó, claramente sorprendido.
"¿Eh…?" sol