Mundo ficciónIniciar sesiónCuando por fin llegamos al comedor, todos ya estaban allí. La mesa estaba iluminada suavemente por las lámparas que colgaban del techo, y el aroma de la comida recién servida llenaba la habitación. Había algo reconfortante en la rutina de esa cena compartida, aunque yo no terminaba de sentirme completamente parte de ella.
Edrik se adelantó unos pasos y, sin decir una palabra, me abrió la silla. Su gesto fue natural, casi casual. Me senté y murmuré un






