El trayecto de regreso desde el café hacia el ático de Elliot fue, para Daniela, un descenso lento hacia las profundidades de su propia ansiedad.
Había salido de su encuentro con Thea sintiéndose tranquila, envuelta en esa calidez que solo una verdadera amistad puede proporcionar.
Las palabras de Thea "Elliot estará encantado" habían resonado en sus oídos como una melodía de esperanza mientras caminaba por las calles soleadas de Manhattan.
Por unos instantes, se permitió creer que la noticia