La luz de la luna comenzó a filtrarse por las rendijas de las persianas del gran vestidor, trazando líneas plateadas sobre el suelo de madera pulida.
Daniela no había podido dejar de temblar.
Se sentía como si estuviera atrapada en una burbuja de irrealidad, una donde el tiempo se había detenido en el preciso instante en que vio aparecer la segunda línea en aquel trozo de plástico.
Bajó la vista de nuevo. La prueba de embarazo descansaba sobre el tocador, junto a sus perfumes caros y sus joya