El trayecto en el coche blindado se sintió como un interludio necesario entre dos tormentas.
Daniela observaba el paisaje urbano de Nueva York, sintiendo que la ciudad, con sus rascacielos infinitos y su ruido incesante, intentaba devorar sus preocupaciones.
Las palabras de Enma todavía zumbaban en sus oídos como un insecto molesto, pero la voz de Elliot en el teléfono, esa seguridad de acero, ese "está mintiendo" tan rotundo, había erigido una muralla protectora a su alrededor.
Sin embargo,