La mañana siguiente trajo consigo una calma inusual.
El sol se filtraba con suavidad por las cortinas, pero no era la luz lo que marcaba el cambio de ritmo, sino el sonido de las maletas de cuero siendo cerradas con un clic definitivo.
Bunny, impecable como siempre en un traje de viaje azul marino, supervisaba que el servicio bajara su equipaje con la eficiencia de un general retirado.
Elliot, aún con su camisa de dormir entreabierta, la observaba desde el umbral del salón, visiblemente desco