EMILIA
Había decidido alejarme un tiempo de la casa. Si queríamos que todo el teatro del divorcio se sintiera real, lo mínimo que podía hacer era mudarme de manera temporal en casa de Tony y Leo, que no paraban de mimarme por mi embarazo.
La demanda por la agresión que sufrí a manos de Adam era la punta del icerberg que estaba por asomarse. Desafortunadamente tenía que esperar un poco.
Habían pasado un par de días cuando decidí hacer algo meramente personal para la mañana siguiente. La ciudad