EMILIA
Mi respiración se volvió un péndulo lento, pesado, intentando mantenerse estable mientras por dentro una tormenta rugía. No podía permitirme un solo temblor, una sola mirada que lo delatara. Adam estaba hablando. Al fin estaba hablando. Y sus palabras eran cuchillas envenenadas que estaban tirando a matar lo que más quería en este mundo.
— Eres brillante, Adam —. Me obligué a decir, forzando una sonrisa que me supo a veneno—. Un verdadero genio por todo lo que has hecho.
Sus ojos azule