La rabia que consumía a Benedict en ese instante no tenía comparación con nada que hubiera experimentado antes. Ver las manos de Noah sobre el cuerpo de Emma, presenciar cómo forzaba a su esposa contra la pared, le hizo perder la razón por completo. Siempre había sido un hombre metódico, pero en ese pasillo, el barniz de civilización se agrietó hasta desaparecer. Lo único que quería era matarlo, borrar la existencia de ese sobrino que se atrevía a profanar lo que era suyo. Noah se levantó del s