Ella estaba paralizada, viendo aquel macho avanzar en su dirección.
El mundo parecía haber entrado en pausa, todo se volvió terriblemente silencioso, apenas la respiración de aquel lobo avanzando.
Podía oír el latido de su corazón, acelerado.
Alice no podía arrepentirse de sus palabras, incluso teniendo en cuenta que él la lastimaría por aquello.
Pero no podía arrepentirse, porque deseaba que él sintiera al menos un poco del dolor que ella sentía, de la desolación.
Él continuó avanzando ha