¿No podía tener hijos?
Eso no podía ser cierto. Samanta miró a Vlad a la cara y vio en sus ojos que se divertía diciendo esas tonterías.
- Estás mintiendo. - dijo la loba.
Vlad sonrió malignamente y redujo la distancia que los separaba.
Samanta no retrocedió esta vez y lo miró fijamente a los ojos.
Un terrible sentimiento amenazaba con apoderarse de ella, la hembra odiaba lo fuerte que latía su corazón y cómo eso podía ser interpretado por aquel despreciable macho.
Sabía que no era por su cerca