Capítulo 111

Sólo el sonido de las hembras en la cocina bastaba para volver loco a cualquiera.

La cocina del castillo era grande, llena de fuegos y grandes ollas que las lobas manejaban con comida.

Alice había conseguido trabajar allí fregando el suelo y cada día le daban un plato de comida.

Mientras barría el mugriento suelo, una de las lobas pasó junto a ella llevando una cesta de patatas.

La loba le quitó la escoba de la mano y le tendió el saco:

- Pela esas patatas, rápido. - Le ordenó con dureza.
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