57. Solo se puede borrar con la muerte
NARRADOR
En el palacio real, todo era un total desastre causado por el mismo príncipe Eder. Él se encontraba en la oficina de su padre, escuchando de forma aburrida el sermón de su madre.
Está harto de ella, de su padre, de la prometida que se le había asignado y que no paraba de llorar cada vez que él la tomaba.
Todos sus pensamientos iban dirigidos a la mujer que no podía olvidar, aquella que, de forma ingenua, rechazó sin darse cuenta del poder que tenía.
Llevó el vaso de licor fuerte a