51. La amenaza de su lobo
CRYSTAL
Habían pasado horas desde que había dejado la mansión atrás; sabía que debían estar buscándome, y entre ellos, Ezra.
Thea, ya cansada de correr, se había detenido al borde del río, mirando los pequeños peces nadar dentro de él y algunos ciervos del otro lado tomar agua.
Su pelaje blanco, en algún punto, se había manchado de rojo; las heridas de aquel cuchillo no se irían del todo, pero aquí estábamos, intentando gastarle una broma a Ezra sin pensar en nuestra propia salud.
Aún pensaba a