Agatha se detuvo un momento, su respiración todavía agitada por la adrenalina de la fuga. La calle era un torbellino de gente, ruidos y luces, un contraste abrumador con el pánico que acababan de dejar atrás. Samer y Marta la miraban con una mezcla de preocupación y alivio, pero la sensación de inseguridad aún pesaba sobre sus hombros.
—¿Dónde vamos ahora? —preguntó Marta, su voz temblando ligeramente.
Samer frunció el ceño, mirando a su alrededor como un depredador en busca de la próxima presa